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miércoles, 23 de agosto de 2017

El atentado fascista de Charlotteville

17 de agosto de 2017 | #Prensa Obrera 1470 | Por Gustavo Montenegro

El ataque en la localidad de Charlottesville, estado de Virginia, donde un militante supremacista blanco atropelló con su coche una manifestación antifascista dejando un muerto y decenas de heridos, ha puesto al desnudo que la actividad política fascista es abiertamente apañada desde el Estado.

Aunque bajo una fuerte presión, el presidente Donald Trump terminó por criticar expresamente el racismo. En su declaración inicial había dicho que repudiaba la violencia… “de todos los bandos”. Una especie de teoría de los dos demonios a la norteamericana.

En rechazo al atentado de Charlotteville se produjeron movilizaciones en todo el país, una de las cuales tumbó un monumento confederado. Están muy lejos, de todos modos, de alcanzar las movilizaciones masivas anti-Trump que tuvieron su mayor expresión en la marcha de mujeres durante el primer día de gobierno del dirigente republicano.

Copamiento fascista

En Charlottesville, las fuerzas fascistas que se reunieron bajo el lema “Unir a la derecha” repudiaron el retiro de la estatua de un general confederado -es decir de los partidarios de la esclavitud durante la Guerra Civil norteamericana. “Decenas de milicianos armados con rifles de asalto, escopetas y cuchillos de caza”, tomaron el control de la ciudad bajo la mirada pasiva de la policía. El viernes por la noche, cientos de personas ingresaron en el campus de la Universidad de Virginia durante una marcha de antorchas al grito de “un pueblo, una nación, fin de la inmigración” y “sangre y tierra”, un canto antisemita usado por los nazis (Word Socialist Web Site, 13/8). Ondearon banderas confederadas, esvásticas, imágenes del Ku Klux Klan (KKK) y carteles de campaña de Trump.

Las contramanifestaciones de repudio, entre las que figura la aludida al comienzo de esta nota, fueron atacadas físicamente por los grupos derechistas antes del atentado.

Los grupos de derecha presentes en el mitin son tributarios de la política de “América Primero” del gobierno. Allí estuvieron, además del Ku Klu Klan (KKK), los “Proud Boys” (partidarios de “restablecer un espíritu de chauvinismo occidental durante una era de globalismo y multiculturalismo”) y referentes de la llamada alt-right (derecha alternativa). La conexión de estos grupos con el poder estatal no sólo se ve en que algunos de sus exponentes ocupan cargos en el gobierno o son parte del círculo íntimo de Trump, sino también en la persistencia de símbolos confederados en el país. En los dos últimos años se han retirado 60 monumentos públicos de este tipo en Estados Unidos (Democracy Now, 7/8) en rechazo a esta presencia. Ni hablemos del gatillo fácil policial que se ensaña con los negros y de la profunda desigualdad social a la que son sometidos.

Fuerza de choque

Los demócratas, con el alcalde de la ciudad y el gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, a la cabeza, salieron a atacar a Trump por sus declaraciones y sus vínculos con estos grupos. Buscan crear un dique de contención popular -aquí cabe inscribir también a Bernie Sanders- y atraer a su campo al activismo anti-Trump en función de un revival demócrata. Temen, sobre todo, un desarrollo de la polarización social en el país a partir del carácter incendiario del magnate. Un columnista del Washington Post (13/8) se alarma ante los hechos de Charlottesville: “Trump está jugando con fuego”.

Los fascistas, por lo pronto, han anunciado nuevas movilizaciones para las próximas semanas, que serán correspondidas por nuevas contramanifestaciones de naturaleza democrática. Se ha ingresado en una dinámica de marchas y contramarchas que despierta una honda preocupación en el régimen sobre el control de la calle.

Los grupos fascistas que actuaron en Charlottesville fungen como fuerza de choque de un gobierno que desenvuelve un plan de guerra contra los explotados, para lo cual procura poner en pie un Estado policial.

Por la defensa de los derechos democráticos y un frente único para derrotar los comandos fascistas. Por las reivindicaciones sociales de los trabajadores y por el desarrollo de una alternativa política de los trabajadores.

Fuente:  http://www.po.org.ar/prensaObrera/1470/internacionales/el-atentado-fascista-de-charlotteville

Elecciones en el Roca: avance de la izquierda

17 de agosto de 2017 | #Prensa Obrera 1470 | Por Jorge Hospital


El miércoles 9 de agosto se llevaron a cabo las elecciones de delegados de la Unión Ferroviaria en Sofse Línea Roca.

De 4.163 votos emitidos, la Verde pedracista (Lista 1) obtuvo 3.024, el 72%; el Frente Bordó Gris “4 de Octubre” (IS-PO-independientes - Lista 3) obtuvo 759, el 18,10%; y la Naranja (PTS - Lista 5) 410, el 9,8%. De un total de 6.046 posibles votantes, votó el 65% del padrón.

A pesar de estos resultados, la oposición no tendrá ninguna representación en el cuerpo de delegados. La forma de la elección es una lista sábana de 120 candidatos, que no reconoce representación proporcional ni de minorías. La burocracia no puede permitirse elección por cuadrillas o especialidades, porque no podría controlar un cuerpo de delegados heterogéneo, democrático y con mandatos de base.

Desde 2003, el decreto de Emergencia Ferroviaria de Duhalde, primero, y los subsidios del kirchnerismo después, lubricaron de tal forma la operación y los negocios ferroviarios, que le permitieron al pedracismo desplegar un clientelismo brutal. Con el ajuste, ya casi no hay ingresos, se cierran ramales, hay retiros “voluntarios”, disciplinamiento del personal.

Un gran dato de la elección es que, desde 2003, es la primera en la cual la izquierda sindical, en lugar de retroceder, registra un crecimiento del 6 por ciento, respecto de la elección de 2015, aún en un marco de división de fuerzas.

Los talleres de Escalada, que son un bastión de la Gris hace mucho tiempo, y Ezeiza, donde la Bordó tiene referentes reconocidos, fueron los puntos altos de la elección de la Lista 3.

El resultado también es un castigo al planteo autoproclamatorio de la Naranja, que llevó a una división de la oposición.

Es necesario un plenario nacional de toda la oposición ferroviaria para discutir un programa y los métodos para enfrentar el ajuste.
 
Fuente: http://www.po.org.ar/prensaObrera/1470/sindicales/elecciones-en-el-roca-avance-de-la-izquierda-1

martes, 22 de agosto de 2017

Venezuela: Dos semanas de Constituyente

17 de agosto de 2017 | #Prensa Obrera 1470 | Por Pablo Heller

En las dos semanas de sesiones que lleva la Asamblea Constituyente, el gobierno de Maduro ha impuesto un paquete de medidas con las cuales pretende manejar la crisis. La Constituyente debutó con la destitución de la fiscal general Luisa Ortega, la otrora ultrachavista que había tomado distancia del gobierno y desafiado al régimen bolivariano; a renglón seguido, aprobó las nuevas bases de funcionamiento político del país proclamando a la Constituyente como poder supremo de la nación, asignándole al resto de las instituciones vigentes un status subordinado. En consonancia, Maduro revalidó su cargo como presidente ante el nuevo organismo, que tiene en sus manos la facultad de disolver la Asamblea Nacional. El nuevo organismo ha absorbido en los hechos las funciones legislativas que antes cumplía la Asamblea, reducida a un cascarón vacío. Entretanto, el gobierno ha continuado en forma implacable con el descabezamiento de alcaldes opositores.

El régimen bolivariano ha derivado en estado de excepción permanante, manejado por la camarilla que usufructúa el poder sostenida, a su vez, por la cúpula militar. La Constituyente ha oficiado de instrumento y de pantalla para ese tránsito... Pero el gobierno de Maduro  ha llevado esta tendencia hasta el final y no ha procedido a disolver la Asamblea Nacional y, del mismo modo, sigue reconociendo los estados regionales administrados por los gobernadores.
La última medida tomada por la Constituyente es adelantar las elecciones a gobernador para octubre, cuya convocatoria estaba prevista originalmente para el 10 de diciembre. Como es sabido, los gobernadores tienen su mandato constitucional vencido desde diciembre del año pasado, cuando deberían haberse celebrado las elecciones. Maduro había esquivado las elecciones regionales frente al temor fundado de que iba a sufrir una paliza electoral que hubiera terminado por sancionar su hundimiento definitivo.

La oposición

El giro de la política oficial tiene que ver con el cambio de escenario en las últimas semanas. Maduro logró recuperar la iniciativa política, en tanto el desenlace de la Constituyente ha derrumbado a la oposición. La prensa habla de una “desmoralización” en las filas de la derecha (La Nación, 10/8). Las últimas convocatorias de la oposición, asimismo, han sido muy reducidas en número de asistentes y esa tendencia está en aumento. “Desde la elección del 30 de julio se ha rebajado la tensión en las calles, tras más de cuatro meses de protestas contra el gobierno que han dejado unos 120 muertos. La oposición (…) está teniendo problemas para mantener la protesta en la calle. La última marcha contra las recientes condenas a alcaldes opositores registró mucho menos apoyo que el de pasadas ocasiones” (El Mundo, 12/8).

En torno de la convocatoria a las elecciones a gobernadores, la derecha se dividió entre los partidarios de concurrir y los partidarios de no hacerlo, pero finalmente prevaleció la primera opción. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que nuclea a todas las fuerzas de la oposición, resolvió presentar candidatos comunes en las elecciones regionales en diciembre. Más que el amor, los ha unido el espanto, de cara a un cuadro de desinflle y derrumbe que hoy reina en sus filas. Está fresco en la memoria de todos su incapacidad para frenar la realización de las recientes elecciones a Constituyente.

La oposición concurre a sabiendas de que el proceso está viciado y tiene un carácter abiertamente proscriptivo. El régimen bolivariano ha aprovechado la nueva situación para inhabilitar la presentación de varios de los candidatos opositores más reconocidos y ubicados en distritos clave. Por ejemplo, el líder opositor Henrique Capriles, doble candidato presidencial, no podrá presentarse a la reelección como gobernador del estado de Miranda. Siguiendo esa misma línea, el gobierno ha procedido a la destitución de intendentes opositores, acusados de no haber reprimido las protestas callejeras.

La decisión de la derecha de presentarse de todos modos a las elecciones proviene, probablemente, de una imposición del exterior en que las grandes potencias están procurando armar una transición controlada que culmine con el relevo del régimen chavista. Las elecciones a gobernador son un terreno del que pretende valerse el imperialismo en el juego de sus presiones y negociaciones diplomáticas en Venezuela. Más allá de las amenazas de una invasión planteada por Trump, la línea predominante en la Casa Blanca está dirigida a buscar una salida negociada. El vicepresidente Pence en gira por Latinoamérica “bajó el tono del mensaje de Trump (sobre una intervención militar a Venezuela) y enfatizó los ejes en la presión económica y diplomática” (Clarín, 16/8).

Ni siquiera prospera la idea de un embargo. Las corporaciones petroleras yanquis acaban de enviar una carta al presidente norteamericano declarándose contra una medida de esta naturaleza que paralizaría las destilarías dependientes del crudo venezolano. Al mismo tiempo, han advertido sobre su inconveniencia en el plano político, pues agitaría el sentimiento antinorteamericano en el país y el continente, y terminaría favoreciendo a Maduro, quien podría abroquelar la opinión pública contra la injerencia imperialista.

Esto es lo que ha venido explotando Maduro en los últimos días. Las bravuconadas de Trump, según lo destacan algunos analistas norteamericanos, están dictadas más que por el escenario internacional por el frente interno. El magnate busca exhibir un liderazgo y una iniciativa en el plano mundial que no ha logrado imponer dentro de sus propias fronteras. En lo que se refiere a Venezuela, Trump ha seguido el libreto que vienen agitando Marcos Rubio, el diputado gusano por Florida, quien es uno de los miembros de la Comisión de Inteligencia del Congreso, que es la que debe pronunciarse sobre los vínculos de Trump y sus colaboradores con el gobierno ruso y que podría derivar en un impeachment contra el presidente.

Límites insalvables


Más allá del respiro que el gobierno haya logrado, esto tiene patas cortas si Maduro y compañía no son capaces de ofrecer una salida al descalabro nacional y a la situación popular desesperante. En las dos semanas de sesiones, el gobierno no implementó ninguna medida distinta de las que ha tomado durante tres años, frente al hundimiento económico y social de Venezuela afectado por una caída del 20% del PBI y a una hiperinflación que el gobierno no tiene la intención de enfrentar.

Continúa la reducción del consumo y la atención sanitaria. Los dólares, cada vez más exiguos, que se necesitan para alimentos, medicamentos y productos de primera necesidad son destinados a pagar la deuda externa. La Constituyente viene a convalidar la política oficial de violento ajuste contra las masas, que es el tributo y la garantía para el pago de los acreedores, y la privatización petrolera y minera, que va de la mano de la abolición del monopolio estatal del comercio exterior de combustibles.

Lejos de abrir un nuevo horizonte, la Asamblea Constituyente viene a convalidar el rumbo oficial. En su afán de sobrevivir, Maduro ha estrechado vínculos con Rusia. A cambio de nuevos préstamos, el gobierno venezolano debería entregar al gobierno de Putin yacimientos del Orinoco y avanzar en la privatización petrolera y minera. Esta “asociación”, sin embargo, es un salvavidas de plomo que ni siquiera asegura a Venezuela salir de su penuria financiera. Estos mismos métodos son los que ha utilizado con China, lo cual no ha impedido que le suelte la mano, pese a todas las concesiones que se le otorgó.

Partiendo del cuadro expuesto, la Asamblea Constituyente lejos de cerrar la crisis, es un momento de ella. El retroceso de la oposición, muy probablemente, haga salir a luz las disidencias en el oficialismo que hasta hoy están reprimidas y se ventilaban en forma reservada. Algunos analistas han puesto de relieve que el ala liderada por Maduro no excluye una mediación con la derecha, en tanto Diosdado Cabello sería partidario de afianzar un régimen de camarilla, disolviendo la Asamblea Nacional y barriendo con las instituciones del régimen actual que siguen en vigencia. De la misma manera, habrá que ver cómo se refractan en el interior de la Constituyente la enorme crisis social que se agrava día a día.

Entramos en una nueva transición de carácter convulsivo. La tarea del momento político actual es hacer emerger un polo político independiente de la clase obrera, que tiene condiciones de abrirse paso apoyándose y nutriéndose de las múltiples tendencias combativas y clasistas que existen en el país. La condición para ello es la ruptura política con el chavismo y la independencia política de todas las variantes patronales, lo que, a su vez, es un requisito insoslayable para derrotar a la derecha y sus maniobras golpistas.
 

El clasismo frente a la marcha de la CGT

19 de agosto de 2017 | Por Miguel Bravetti

Una columna independiente y una política independiente

La movilización del 22 de agosto es – afirmó el ministro Rogelio Frigerio- “producto de una crisis de conducción de la central”. En gran medida es así y por eso hay que intervenir y, a la vez, caracterizar detenidamente sus límites. ( se supone se habia lanzado como consecuencia de la reperesion en Pepsico para ontener el malestar el triunvirato hablo ese día a la noche y propgramo una movilizaion para el díia del arquero bien lejos de las PASO para no hacer olas contra el gobierno ) 

La marcha está desvinculada de los conflictos actuales – por cuya victoria la burocracia sindical no movió un dedo- y carece de cualquier perspectiva de continuidad. Se anunciará un Confederal para “analizar un plan de lucha” en una fecha indeterminada de septiembre pero sin referencia alguna al paro general. Lo confirma la reunión que mantuvieron las CTA con Schmid y Pablo Moyano: los que viven cacareando a favor de un paro se limitaron a firmar un documento estrictamente reivindicativo que agrega un pedido por Santiago Maldonado y no propone una sola medida de acción. Para los K, la marcha es, ante todo, funcional a la campaña de Unidad Ciudadana.

Será, además, una marcha “blindada”, como explicó el mismo Pablo Moyano. Los diez mil camioneros que estarán a cargo de la seguridad no dejan dudas sobre la preocupación de la burocracia por evitar otro “7 de marzo” y limitar la jornada a una movilización regimentada y de aparato.

Finalmente, “Gordos” e “independientes” se pronunciaron tempranamente contra la marcha y, aunque terminaron cediendo, es muy probable que se empeñen en vaciarla.

El telón de fondo de la convocatoria es la disputa desatada por el control de la CGT entre esta fracción y la burocracia liderada por el clan Moyano.

El plenario convocado por Pepsico

Por iniciativa de los trabajadores de Pepsico se realizó un plenario para discutir la participación en la marcha y la moción, informada por la comisión interna en la apertura, de constituir una columna independiente y proponer a la CTA confluir en algún punto para ingresar juntos a la Plaza de Mayo, de manera de amplificar el reclamo del paro general.

El planteo dio lugar a un intenso debate, que se plasmó en numerosas intervenciones, en torno a lo que La Izquierda Diario llamó en un artículo “la política hacia las centrales y sindicatos” con el objetivo de que “dentro de la marcha se dé una pelea común”; planteando “pelear para que las organizaciones de masas actúen de forma progresiva”.

De los varios oradores del PTS que defendieron la proposición de unificar con la CTA, quién mejor la expuso fue Claudio Dellecarbonara, de la minoría del Subte. La formación de una columna común para pedir un paro nacional pondría de relieve, en sus palabras, una contradicción en la burocracia. Con esta política - ejemplificó - los trabajadores del Subte podrían “convencer a Beto” (refiriéndose a Pianelli) de la necesidad de luchar.

Es una vieja de tesis del morenismo según la cual promover acciones comunes con la burocracia permite lograr, por presión de sus bases, superar sus objetivos o, en caso contrario, desenmascararla.

Los dirigentes de la Coordinadora Sindical Clasista que polemizaron con la idea, destacaron la soberanía de Pepsico para orientar su lucha pero también que la convocatoria, sobre la que debíamos resolver, era de la CGT y no de Pepsico. Explicaron, a modo de ejemplo, que los SUTEBA Combativos no podían marchar “para reclamar un paro” con Yasky y Baradel, los enterradores de huelga docente y de la lucha de los santacruceños contra el ajuste de la gobernadora Alicia Kirchner. Lo mismo cabe para Wasiejko, ex burócrata del SUTNA y actual adjunto de la CTA, “entregador serial de las reivindicaciones de los trabajadores del neumático”. Semejante cosa equivaldría a “lavarles la cara” a los burócratas y, lejos de ayudar a que su base rompa con ellos, introduciría una enorme confusión.

La columna independiente, con la consigna del paro activo (como hicimos el 7 de marzo) es un acierto, pero no puede valer sólo para una parte de la marcha: “la independencia de la burocracia debe ser hasta el final”.

El kirchnerismo - tanto la CTA como la Corriente Federal que actúa dentro de la CGT - viene de deponer la movilización del 7 de agosto por un pedido de Cristina Fernández para no entorpecer la campaña hacia la PASO.

En el debate también quedó refutada la falacia, repetida en su intervención por Carlos Artacho, dirigente telefónico del PTS, según la cual “dos de cada tres votantes habían rechazado el ajuste”, ya que ni los Massa, los Randazzo, las Bertone o los Schiaretti son opositores al ajuste. Todos ellos garantizaron las leyes del macrismo y ejecutan en sus provincias el ataque a los trabajadores. De allí la importancia de establecer una delimitación tajante de ellos y de sus tributarios sindicales.

Otros oradores, como Edgardo Reynoso de la UF-Oeste y dirigente de Izquierda Socialista, también desarrollaron ampliamente los argumentos contrarios a la propuesta de unificar con la CTA. En cambio, el secretario general de ATE-Brown y representante de Rompiendo Cadenas, rechazó el planteo de movilizar de forma “independiente”.

Columna independiente

Finalmente se acordó que los sectores combativos y antiburocráticos marcharíamos en una columna independiente, partiendo de la carpa de Pepsico, con las consignas: basta de despidos, reincorporación de los trabajadores de PepsiCo y de todos los despedidos; basta de ajuste, rebaja salarial y tarifazos impuestos por el gobierno nacional y los gobernadores; por la aparición con vida de Santiago Maldonado; no a las persecuciones a los delegados y luchadores; por un paro nacional, ninguna tregua.

El acierto de la batalla política librada por la CSC-PO quedó rápidamente confirmado por la reunión de la CGT y las CTA y luego por la resolución de la Mesa Nacional de la CTA, en la que - como denuncian los propios trabajadores de Pepsico en una carta pública - no se menciona su lucha, ni la exigencia de un paro nacional; aunque sí llaman a la CGERA, la Confederación General Empresaria, a conformar un “espacio multisectorial".

Para ayudar a los trabajadores a romper el “chaleco de fuerza” de la burocracia el clasismo debe desarrollar una política sistemática de denuncia y actuar con total independencia de ella. 



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Politica Obrera

Coordinadora Sindical Clasista - Partido Obrero

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